Temporeras recurren a la prostitución en Zafarraya para completar su jornal
El personal sanitario trata enfermedades sexuales y otras poco comunes por las condiciones insalubres en las que habitan
En las letras de colores que rezan Zafarraya o frente al consultorio médico, las mujeres esperan arregladas y en fila a que los coches les ... haga luces o un hombre las anime a seguirle. La precariedad azota con más fuerza y el doble a las temporeras, que recurren al trabajo sexual como complemento de un salario ínfimo en el campo. Con frecuencia, cambian de sitio para eludir el control de la Guardia Civil y la Policía Local, que según los vecinos, su presencia es frecuente.
Venden sus cuerpos por entre 10 y 20 euros. Sus clientes son mayormente otros temporeros, aunque hay también algún local que pide sus servicios. La falta de higiene derivada por las condiciones de vida en la que subsisten los jornaleros propicia enfermedades.
El consultorio de Zafarraya atiende de media entre 50 y 60 personas al día, según manifiesta a este medio el propio personal sanitario. Tratan muchas enfermedades de transmisión sexual, que se unen a una larga lista de dolencias y patologías que ya no eran comunes.
Clamidia, gonorrea, ladillas, sarna, rubeola, meningitis, tuberculosis... Los sanitarios van siempre ataviados con mascarilla para curarse en salud. Cuentan también que tratan a muchas temporeras embarazadas, que piden abortar. «Con un niño en el vientre no les dejan estar en un colchón», explica el personal, que ha tenido que pedir seguridad para el centro.
El resto de las consultas de migrantes son simplemente para dejar constancia de que están aquí, con el fin de que algún día el sistema les tenga en cuenta.
«Nunca sacan la medicación que les recetamos por dolores de muela o de estómago. Solo quieren figurar en alguna parte», remachan.
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