Cuando la multitud hoy muda, resuene como océano.

Louise Michel. 1871

¿Quién eres tú, muchacha sugestiva como el misterio y salvaje como el instinto?

Soy la anarquía


Émile Armand

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jueves, agosto 14

Antifa significa Palestina libre

 


Comunicado de anarquistas/antifascistas en Berlín

Como anarquistas, antifascistas y personas que forman parte de círculos autónomos en Berlín nos solidarizamos plenamente con todos los movimientos de liberación desde Palestina hasta el Congo, desde Kurdistán hasta Chiapas, desde Papúa Occidental hasta Isla Tortuga, desde Abya Yala hasta Sudán, desde el Sáhara Occidental hasta Myanmar, desde Haití hasta Kanaky y en todas partes del mundo. Defendemos firmemente la verdadera solidaridad internacionalista, intercomunalista, antirracista, queer transfeminista.

El verdadero antifascismo es anticolonial. Y el antifascismo anticolonial debe ser parte integrante de todas las luchas de liberación de los pueblos.

 La implacable opresión de las personas palestinas (en tanto en Palestina como en la diáspora), en su última fase de la Nakba y del genocidio en curso, ha mostrado el verdadero rostro y los valores de muchos gobiernos liberales y de sus aparatos estatales. Como los del Estado alemán que es plenamente cómplice del genocidio en Palestina y apoya fanáticamente a Israel y a todos los «valores occidentales» que éste representa: brutal ocupación y explotación, apartheid y limpieza étnica de los pueblos indígenas.
Sin duda, Alemania es experta en militarismo, guerras y genocidios: el de los pueblos herero y nama, el del pueblo judío de Europa, el del pueblo romaní/sinti, el apoyo al genocidio del pueblo armenio por parte de Turquía… la lista sigue y sigue.

En Alemania la narrativa del supuesto arrepentimiento y expiación de los crímenes nazis, la instrumentalización de la culpa alemana para con el pueblo judío, la autoproclamada «Staatsräson» («razón de Estado») y su selectiva y muy comisariada «cultura de la memoria» se esgrimen como argumentos para apoyar activamente el genocidio del pueblo palestino. Las y los electos representantes estatales de Alemania le lamen las botas a Israel proporcionando cobertura diplomática a los crímenes sionistas mientras que la mayoría de sus medios de comunicación repiten y amplifican la propaganda estatal israelí.

Una gran parte de la sociedad alemana, en su mayoría personas alemanas blancas, calla de nuevo ante la limpieza étnica que se está llevando a cabo mientras Israel, ayudado por Alemania y sus entregas de armas y tecnología para matar toda forma de vida en Gaza, comete a diario atrocidades inimaginables. Mucha gente en Alemania se niega a reconocer (o niega rotundamente) la brutal violencia colonizadora sionista en Palestina, la continua anexión asesina de Cisjordania, los asesinatos en masa a gran escala y el régimen de apartheid. «Es complicado», afirman. Pero, en tiempos de un genocidio de manual retransmitido diariamente en nuestras pantallas, el silencio es complicidad y será recordado como tal.

El movimiento por una Palestina Libre en Alemania está siendo atacado desde todos los frentes: por el Estado, por los neonazis, por las instituciones, por la sociedad civil alemana, por la «ciudadanía preocupada», por las y los liberales y por los llamados «Anti-Deutsche» (“alemanes anti-alemanes”).

Con el pretexto de «luchar contra el antisemitismo», se criminaliza a quienes piden el fin del genocidio y la ocupación (especialmente a la gente de regiones de mayoría musulmana y a las personas consideradas como tales, BIPoC y judías antisionistas), se les incluye en listas rojas, se les cancela, detiene, veta, insulta, ataca y acosa.

 En Alemania también nos enfrentamos a un problema bastante singular y muy alemán: una proporción significativa de alemanes blancos no judíos autoproclamados «antifascistas» apoyan con entusiasmo el proyecto sionista. Estos equivocados y molestos peones del Estado, los llamados «Anti-Deutsche» que supuestamente pertenecen a la izquierda radical, son intencionadamente ignorantes cuando se trata del sionismo y de Israel. Su siempre predecible movimiento característico es acusar de «antisemita», islamista, perteneciente a Hamas, fascista y/o nazi a cualquiera que se atreva a hablar en favor de Palestina. Es evidente que existe —por decirlo suavemente— confusión en el movimiento «antifascista» de Alemania y debemos desafiarlo y reflexionar más activamente sobre la izquierda radical de la que formamos parte. De todas nosotras y nosotros depende el cambio.

Tenemos que combatir todos los racismos en este país, especialmente los peligrosos y cada vez más tóxicos racismos antiislamistas y el odio antijudío.

Rechazamos la supuesta «razón de Estado» («Staatsräson») de Alemania y nos negamos a reconocer no sólo a «Israel» como Estado legítimo, sino también al Estado alemán y a todos los Estados. Como anarquistas, antifascistas y antiautoritaristas creemos que todos los Estados y todas las fronteras deben ser abolidos. Nos oponemos a todo tipo de estructuras de poder jerárquicas y autoritarias y a ideologías o conceptos como los Estados o los partidos políticos que ponen a determinadas personas o entidades en el poder y determinan la vida de los demás. De ahí que nuestra lucha tenga como objetivo la desintegración de los regímenes fascistas, sionistas, racistas y etnocráticos, no sólo en Israel sino también en todos los demás Estados del mundo.

Exigimos el fin inmediato del apartheid y la ocupación de Palestina. Los y las palestinas deben poder regresar a su tierra natal, abogamos por la liberación de Palestina y sostenemos que todo su pueblo debe vivir allí y prosperar en paz, desde el río hasta el mar. Luchamos por la libertad para todas las personas.

NUNCA MÁS significa NUNCA MÁS PARA NADIE.

 

Noviembre 2024
Grupo anarquistas/autónomos de Berlín

lunes, agosto 11

El genocidio de Gaza supera los 60.000 muertos mientras 320.000 menores están en riesgo de inanición

 


Después de 662 días de genocidio israelí en Gaza, la cifra de muertos en la Franja ha superado los 60.000, según fuentes sanitarias palestinas. De ellos, al menos 147 han muerto de inanición, una cifra que solo puede aumentar, según Unicef y el Programa Mundial de Alimentos (PMA), quienes advierten que los indicadores clave de alimentación y nutrición en Gaza ya superan los umbrales de hambruna y que “se está agotando el tiempo para poner en marcha una respuestas humanitaria a gran escala”.

Según la última alerta de la Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria (CIF), los niveles son los peores desde que comenzó el conflicto y dos de los tres umbrales que indican hambruna se han superado en algunas partes de la Franja.


El primero de estos indicadores, el consumo de alimentos, se ha desplomado en Gaza desde la última actualización del CIF en mayo de 2025. Más de un tercio de la población, hasta un 39%, se pasa varios días seguidos sin comer. La desnutrición aguda es el segundo indicador y ha aumentado “a un ritmo sin precedentes”. En la ciudad de Gaza, dice el CIF, los niveles de desnutrición entre los niños y niñas menores de cinco años se han cuadruplicado en dos meses y ha alcanzado en julio el 16,5%. Más de 320.000 niños y niñas, toda la población menor de cinco años de Gaza corre riesgo de desnutrición aguda, según PMA y Unicef. Solo en junio, más de 6.500 niños y niñas fueron ingresados para recibir tratamiento contra la desnutrición.

Y mientras tanto, terrorismo colono en Cisjordania

El pasado 28 de julio, un colono israelí asesinó “a sangre fría” a Odeh Hadalin, colaborador del oscarizado documental No Other Land. El asesino, identificado por testigos como Yinon Levi, ya había sido sancionado por la UE, EEUU y Canadá en 2024 por su participación en ataques contra civiles palestinos. Las sanciones posteriormente fueron revocadas por Trump en su primer día en el Despacho Oval. Según el periódico Times of Israel el acusado está en arresto domiciliario.

Según denunció el periodista y cineasta israelí Yuval Abraham, codirector de No Other Land, Yinon Levi acusó de la muerte a cuatro integrantes de la familia de Odeh Hadalin, que fueron detenidos por el ejército israelí. Abraham denunciaba en Twitter un “sistema que castiga a las víctimas (que están bajo la ley militar) y recompensa al tirador (que está bajo la ley civil)”. El pasado marzo, decenas de colonos ya habían atacado y dado una paliza al codirector del documental Hamdan Ballal.

La noticia del asesinato ha vuelta al mundo, llegando algunos gobiernos occidentales a calificarlo de «terrorismo colono». Sin embargo, estos países no cortarán relaciones con Israel, seguirán manteniendo contratos armamentísticos y de ciberdefensa y confirma la triste realidad del pueblo palestino: tal ha sido su grado de deshumanización que un asesinato racista perpetrado por un colono solo se ha considerado relevantes porque le pasó al ganador de un Oscar.

Según Al Jazeera, Israel ha asesinado a más de mil palestinos en Cisjordania desde el 7 de octubre de 2023.

 

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domingo, junio 15

La industria del holocausto


Mientras los palestinos mueren hoy en día en Gaza, masacrados por el Estado de Israel, resulta llamativa la cantidad de cultura popular (el cine, mayormente) que sigue recogiendo el horror del holocausto producido, mayormente, sobre el pueblo judío (aunque sea ya un lugar común aclararlo, no solo contra los judíos). Solo en el momento en que escribo estas líneas, en la cartelera española se encuentran los films The Brutalist, premiada obra que hay quien ha calificado de propaganda sionista más o menos justificadora de que cualquier medio sería válido para construir la nación israelí (aunque sea con la sangre de otros), Lee Miller, sobre la fotógrafa de moda que acabó yendo al frente de guerra para recoger en imágenes los desmanes del Tercer Reich, o A Real Pain, situada en la actualidad, con tono de comedia, en la que dos jóvenes recorren Polonia recuperando la memoria sobre sobre el holocausto producido sobre sus ancestros. El paradigma de la obra fílmica más efectista sobre el tema lo constituye quizás La lista de Schindler, firmada por el a menudo sensiblero y superficial Steven Spielberg. El pianista, de Polanski, aporta en cambio algunos interesantes matices sobre la actitud (humanamente comprensible, dado el horror) de parte de la comunidad judía sin caer en ese atroz maniqueísmo. Si echamos un vistazo atrás, todos los años hay un bombardeo constante sobre la misma temática y, ojo, no digo que me parezca mal a priori siempre y cuando se denuncien todas y cada uno de las matanzas y opresiones originadas en autoritarismos de diversa índole.

Para el caso que nos ocupa, me hacen gracia esos cretinos reaccionarios que han señalado la gran cantidad de películas, que supuestamente se realizan en España denunciando el horror fascista que originó el golpe de Estado y la posterior dictadura franquista; siempre diremos lo mismo, ¡no las suficientes! Franco no era Hitler, argumentan esos mismos botarates, y no sé de cuánta extensión debe ser el genocidio para denunciarlo de manera clara. Vuelvo al tema del holocausto judío y se me dirá que todas estas obras mencionadas, en cuya calidad cinematográfica no entro, aportan todos los matices que se quieran, pero en cualquier caso tratan algo histórico sobre lo que creo que existe una conciencia muy extendida. Mientras, otros holocaustos siguen produciéndose en la actualidad. Cae en mis manos un libro que puede aportar algo de claridad, se trata de La industria del holocausto. Reflexiones sobre la explotación del sufrimiento judío, escrito ya hace algunos años por Norman G. Finkelstein. El autor, sostiene, que la Shoah (holocausto, en hebreo) se acabó convirtiendo en un discurso ideológico construido para legitimar el sionismo, el Estado de Israel, y a la vez obtener con él beneficios económicos. Uf, como puede suponerse, no se hicieron esperar las acusaciones a Finkelstein de antisemita e incluso negacionista, a pesar de ser él mismo judío hijo de víctimas de un campo de exterminio. Acusaciones idiotas que no caen en que refuerzan esas cada vez más solidas pruebas de que se ha construido todo un relato para blindar las críticas al Estado israelí y justificar todos sus desmanes sobre otros pueblos.

Se señala también que la comunidad judía en Estados Unidos no ha sido, a diferencia de otras, una minoría oprimida, más bien lo contrario. De hecho, parece que no hubo por su parte una atención especial sobre el holocausto antes de 1967, la guerra contra los árabes en la que el Estado de Israel mostró todo su potencia militar, por lo que acabó convertido en un fuerte aliado de Estados Unidos. Los malditos intereses económicos y geoestratégicos sobre los que la (creo que más bien privilegiada) comunidad judía estadounidense al parecer ha estado muy atenta. Quizá un precedente de esta denuncia estriba en Hannah Arendt, en concreto en su obra Eichmann en Jerusalén, donde trató de indagar en los mecanismos psicológicos que apuntalan el horror totalitario (que podría aplicarse a cualquier Estado, por muy democrático que se presente, como es el propio israelí) sin simplificaciones de ningún tipo. Arendt misma, claro, sufrió la acusaciones de rigor por parte de los colectivos de influencia judíos, a pesar de pertenecer ella también a esa etnia. Ha habido otras voces como la de Finkelstein, que han tratado de ser acalladas, que han realizado esa doble denuncia de una supuesta legitimidad sionista para sus desmanes: la del derecho religioso, justificado como pueblo elegido, para adueñarse del territorio palestino, y la que se encuentra también amparada, de manera hipócrita para muchos, en la memoria de la víctimas del holocausto. En cualquier caso, argumentos históricos aparte, resulta digno de reflexión (y de irritación) ese control sobre la cultura popular que llega a las masas, para convertir la conciencia en poco más que parte de un museo, y al mismo tiempo justificar los horrores que se siguen produciendo mientras escribo estas líneas. Pueden irse al diablo los que a mí mismo me acusen de antisemitismo, o cualquier otra estupidez parecida, y seguiremos abogando por una humanidad unida, eso tan bello que los anarquistas clásicos denominaban fraternidad universal, denunciando los diversos poderes políticos, económicos y religiosos.

 

Juan Cáspar
https://exabruptospoliticos.wordpress.com/2025/03/22/la-industria-del-holocausto/

 

jueves, mayo 22

Una espiga entre los dientes


Quizás sea por eso, por no ver, por lo que la ausencia de armas preocupa más que tenerlas.

El poema comienza con estos versos:
 

Después de cada guerra 
alguien tiene que limpiar. 
No se van a ordenar solas las cosas, 
digo yo.

Lo escribió Wislawa Szymborska y le puso por título “Fin y principio”. Cada vez que lo he comenzado a leer no he podido parar hasta el final.

Dice una amiga que cuando sigues una guerra tienes la sensación de estar viendo una serie, que te vas a la cama o a la siguiente tarea pensando qué pasará en el próximo capítulo, qué vendrá después cuando crees que ya ha pasado todo lo que podía pasar. Cuál será la vuelta de guion para seguir generando sorpresa cuando la masacre ya está hecha.

En las guerras televisadas no se ve lo que pasa a ras del suelo. La forma de encontrar comida. Las palabras dichas entre las personas que se ayudan a buscar entre los escombros. El olor que queda en los lugares donde todo está destruido.

Quizás sea por eso, por no ver, por lo que la ausencia de armas preocupa más que tenerlas. Por lo que el discurso de que comprar armas, de exportar armas, de investigar para crear otras nuevas, es lo que protege. La idea de que las armas sirven para mantener la paz se coloca con la confianza con la que el polvo se deposita encima de los libros apilados en un desván sabiendo que nadie vendrá a limpiarlo.

Quizás sea por eso, por no ver, por lo que esa cultura de la violencia heroica, de la osadía, del poder, de ejercer la brutalidad en compañía, encuentra su espacio en alguna gente joven y otra no tan joven que no mira las víctimas humanas ni la destrucción del territorio, porque si muere la tierra mueren las personas. Que mira sin cuestionar el ejercicio ejemplarizante para recordar quién manda.

Quizás sea por eso, por no ver, por lo que tan pocas personas hablan de los vínculos que rompen todas las guerras. Por lo que no se habla de que la guerra ocurre también antes y después. La lógica del “yo” y “los otros”, el peligro, el miedo. La guerra que empuja a que solo haya un lugar legítimo en el que estar.

Quizás sea por eso, por no ver, por lo que en la memoria colectiva no permanecen visibles los movimientos antimilitaristas, los movimientos por la paz encabezados por mujeres, toda una cultura construida sobre el convencimiento de que las armas no sirven para acabar con los conflictos. Una memoria tejida por muchas personas que hacen que no sea posible taparse los ojos ante el daño.

Cuando la cultura de la guerra y de las armas empieza a imponerse con fuerza hay una parte de la sociedad que denuncia la barbarie que ya está y la que vendrá. Es necesario construir esa alerta mientras aún es tiempo, mientras la irracionalidad y el miedo no lo han ocupado todo.

El poema de Wislawa Szymborska termina diciendo:

En la hierba que cubra causas y consecuencias seguro que habrá alguien tumbado, con una espiga entre los dientes, mirando las nubes.

Personas con espigas en la boca que miran las nubes pensando, quizás, en cómo seguir construyendo esos otros horizontes que apuestan por la paz.

 

https://www.elsaltodiario.com 

martes, mayo 13

Breve historia del conflicto entre Israel y Palestina

 


Autor: Ilan Pappé. Editorial Capitán Swing. Marzo, 2025. 136 páginas.

En la década de los 80 surgieron en Israel los “nuevos historiadores”, quienes accedieron a documentos hasta entonces clasificados y empezaron a trazar una nueva historiografía de su país diametralmente opuesta a la oficial. Concluyeron que los líderes sionistas no tenían sed de paz, ni buscaban convivir con los palestinos y que los pilares del Estado Israel, desde su creación, son el racismo, el supremacismo judío y el anhelo de la desaparición de Palestina o de limpieza étnica.

Ilan Pappé forma parte de esta corriente y, en consecuencia, recibió tantas amenazas de muerte por parte de sus compatriotas que se tuvo que exiliar a Londres. Ahora publica esta guía indispensable para entender el conflicto entre Israel y Palestina y cómo aún podríamos encontrar una salida al mismo.

Los hechos del 7 de octubre de 2023 y los horrores que siguieron asombraron al mundo. Pero el conflicto palestino-israelí no empezó el 7 de octubre. Tampoco empezó en 1967, cuando Israel ocupó Cisjordania, ni en 1948, cuando se declaró el Estado de Israel. Empezó en 1882, cuando los primeros colonos sionistas llegaron a lo que entonces era la Palestina otomana. Ilan Pappé desentraña la historia de dos pueblos que ahora comparten una misma tierra. Remontándose a los padres fundadores del sionismo, nos conduce con maestría por los vericuetos de la política internacional hacia Israel-Palestina, la resistencia palestina a la ocupación y los cambios que se están produciendo en el propio Israel. Para Pappé la atrocidad de la respuesta de las fuerzas armadas israelíes al 7 de octubre ha provocado que gran parte de la sociedad global cambie su foco de atención a las víctimas palestinas, y que Israel esté perdiendo así la batalla del relato.

 

 

jueves, abril 24

El plan de deportación masivo de Israel para culminar la limpieza étnica de Gaza

 

El Gabinete de Seguridad de Israel ha aprobado la creación de una «Oficina de Emigración Voluntaria para los residentes de Gaza interesados en trasladarse a terceros países», tal y como anunció el ministro de Defensa, Israel Katz. Esta decisión supone un nuevo paso en el genocidio palestino. Al igual que la Alemania Nazi abrió en 1940 la Zentralstelle für jüdische Auswanderung, la Oficina Central para la Emigración Judía, el Estado sionista está intentando presentar el genocidio y la limpieza étnica como una migración voluntaria, “permitiendo al pueblo de Gaza elegir libremente ir a donde quiera”.

La oficina, abierta por el Ministerio de Defensa, cuenta con la colaboración del COGAT, la autoridad militar y civil que se encarga de la ocupación de la Franja de Gaza y Cisjordania, para planificar el traslado forzoso y la deportación masiva de palestinos del enclave.

El objetivo de Israel: la limpieza étnica de Gaza

El propio primer ministro, Benjamín Netanyahu, ha comentado públicamente que este es el objetivo final de la guerra, haya o no un acuerdo de alto al fuego. De hecho, la tregua debe servir para implementar la limpieza étnica de Gaza. Para Israel, la negociación no se ha roto, sólo se ha trasladado al terreno militar para presionar a Hamás a que acepte este resultado.

En su declaración a la prensa, Bibi comentó lo siguiente sobre la etapa final: “Hamás depondrá las armas. Sus líderes podrán marcharse. Velaremos por la seguridad general en la Franja de Gaza y permitiremos la realización del Plan de Trump para la migración voluntaria. Este es el plan. No lo ocultamos y estamos dispuestos a discutirlo en cualquier momento”.

El ministro de Exteriores israelí, Gideon Sa’ar​, también ha sido bastante claro en reconocer que la reanudación de la contienda es el único medio para llevar a cabo la limpieza étnica de Gaza, subrayando que, sin presión militar, la situación frente a Hamás habría “permanecido estancada”. “En las últimas dos semanas y media, hemos llegado a un punto muerto: no hay ataques aéreos ni regreso de rehenes, y esto es algo que Israel no puede aceptar”. En otras palabras: únicamente con la negociación no podían alcanzar sus objetivos.

Otros ministros han sido algo más claros en sus palabras y reconocen que el plan no es “voluntario”. El ministro de Comunicaciones explicó que el objetivo de expulsar a los palestinos debe entenderse como un “plan de deportación”.

Con este mismo espíritu, el ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, ha defendido que el Plan de Trump podría completarse rápido: “Si sacamos a 5.000 personas de Gaza cada día, tardaremos un año en aplicar el plan de Trump«. El propio Smotrich ya avanzó el 15 de febrero que se han iniciado «los preparativos con los estadounidenses para implementar la migración voluntaria. Calculo que la migración comenzará en unas semanas”. Para la ministra de Protección Medioambiental, Idit Silman, del Likud, la “única solución para la Franja de Gaza es vaciarla de gazatíes”, calificando la medida de “realista”. 

En una entrevista con la radio pública Reshet Bet afirmó que el gobierno de Benjamin Netanyahu está “comprometido con la idea de fomentar la emigración” y añadió que cree que “Dios nos ha enviado a la administración estadounidense y nos está diciendo claramente: es hora de heredar la tierra. Gush Katif [la mayor colonia judía en Gaza] volverá, de eso no hay duda. Podría ser en casas unifamiliares o en torres al estilo Trump, pero sin duda volveremos allí. No veo otra solución al terrorismo. La respuesta al terrorismo es la soberanía”. Para los sionistas, soberanía significa anexión de nuevos territorios.

Israel asedia, de nuevo, Gaza

Según Katz, los palestinos deberían ser deportados a países que critican las acciones de Israel, como España, Irlanda o Noruega. Sin embargo, de acuerdo con información publicada por medios israelíes y la agencia Associated Press, Estados Unidos e Israel habrían entablado conversaciones con altos cargos gubernamentales de Sudán, Somalia y el Estado no reconocido de Somalilandia para explorar la posibilidad de deportar a palestinos a esos territorios.

Por el momento, Sudán ha negado la mayor, mientras Somalia ha dicho que nunca aceptaría una propuesta así. Por su parte, en Somalilandia reina en silencio; en este territorio la elección de Donald Trump es vista como una oportunidad de adquirir reconocimiento internacional. Marruecos, estrecho aliado de Israel, también podría jugar un papel importante debido a su interés de que cerrar el expediente del Sáhara Occidental con el apoyo de Washington.

En su particular “Plan Madagascar”, los líderes sionistas siguen el mismo principio y la misma lógica que Adolf Eichmann en el juicio de Jerusalén: “Era una emigración regulada y planificada, lamento que este principio no se mantuviera hasta el final de la guerra”. Esto nos indica la dirección que está tomando el genocidio y una escalada cada vez mayor de la violencia que responde a la incapacidad de derrotar militar y políticamente a la resistencia palestina. De esta forma, en la medida en que desde sus propios presupuestos son incapaces de resolver “la cuestión palestina”, cada vez acudirán a “soluciones” más extremas.

Los últimos movimientos militares también apuntan en esta dirección. El 1 de marzo Israel impuso un asedio total a Gaza, interrumpiendo toda la ayuda por primera vez desde el comienzo de la guerra: el corte de electricidad obligó a cerrar una importante planta desalinizadora en el centro del enclave, poniendo fin al acceso al agua potable para gran parte de la población.

Los grupos de ayuda advierten de que las terribles condiciones creadas por el bloqueo del Estado hebreo amenazan con volver a provocar hambrunas masivas. El ejército israelí también esta partiendo la Franja de Gaza en distintas secciones, encerrando a la población palestina en cada vez menos territorio. El 19 de marzo, retomó el control del corredor de Netzarim y, doce días después, ordenó la expulsión de la ciudad de Rafah, en el sur, obligando a huir a miles de personas.

En este territorio, que es un quinto de la Franja de Gaza, Israel ha creado una “zona de contención”, donde no se permitirá el regreso de los residentes y se demolerán todos los edificios. Aquí, el ejército sionista ha anunciado la creación de un nuevo corredor militar, que Benjamín Netanyahu ha bautizado como Corredor Morag, en honor al antiguo asentamiento israelí entre Rafah y Jan Yunis.

 

 

´Por Ángel Marrades. Extraído de Descifrando la Guerra

miércoles, diciembre 18

Comunicado de Tekoşîna Anarşîst, organización anarquista pro Kurda: “El régimen ha caído, la guerra continúa”

 

Los sueños revolucionarios de millones de sirios que inundaron las calles en 2011 finalmente se han hecho realidad: el régimen ha caído. Tras décadas de la dinastía de Asad, hoy nos despertamos en una Siria sin un gobierno central funcional. El Estado sirio se ha derrumbado.

Nosotros, como anarquistas y como revolucionarios, no podemos hacer otra cosa que celebrar un tirano menos. ¡Salud por eso! Pero después de más de 7 años de vivir la revolución, aprendimos una lección impopular: la victoria es solo un primer paso hacia la transformación social que necesitamos. Porque cada victoria es simplemente un paso hacia la siguiente lucha.

Afortunadamente, el Movimiento de Liberación Kurda tiene décadas de experiencia en sus bolsillos y está más que feliz de compartirla con nosotros. Y no sólo eso, también tienen 12 años de lecciones prácticas liderando una sociedad revolucionaria en el noreste de Siria, con la liberación de las mujeres, la ecología social y la confederación de gobiernos locales como su brújula para construir el socialismo libertario. No sin defectos, no sin errores, pero ya es más de lo que muchas otras revoluciones libertarias han logrado jamás.

Al mismo tiempo, los éxitos militares de Hayat Tahrir al-Sham -Yihadistas apoyados por Turquía- (HTS) contra el régimen, así como su gobierno islamista autoritario en Idlib, abrieron una oportunidad para que su líder influyera en los titulares de las agencias de noticias mundiales. La sociedad de la información del siglo XXI olvida tan rápido como se desplaza hacia abajo en la pantalla, por lo que tal vez tengamos que refrescarle la memoria. Hoy, ¿quién recuerda la liberación de Manbij de las garras del ISIS? ¿Quién habla de los yihadistas que secuestraron y traficaron con mujeres yazidíes de Senegal por todo el mundo salafista? ¿Y quién recuerda a las mujeres que declararon la victoria de las SDF sobre Raqqa, antaño la capital del califato?

 Para quienes lo hayan olvidado, les recordamos que las YPJ siguen luchando, liderando el frente de la revolución de las mujeres en Rojava. Un frente que está siendo atacado una vez más por fuerzas aliadas del Estado turco, agrupadas bajo el irónico nombre de Ejército Nacional Sirio (SNA), una coalición de bandas criminales controlada por Turquía. Hoy amenazan la ciudad multicultural de Manbij, un gran ejemplo de pluralismo y gobernanza local integrada en el sistema de la Administración Autónoma Democrática del Noreste de Siria (DAANES).

La revolución de Rojava no sólo alcanza a los kurdos, sino también a los árabes, así como a los armenios, asirios, siríacos, turcomanos, circasianos y muchos otros grupos étnicos presentes aquí. Las fuerzas árabes del Consejo Militar de Deir Ezzor fueron aplaudidas por la población local cuando entraron en la ciudad de Deir Ezzor, ocupando el vacío de seguridad que dejaron atrás los soldados del régimen que huían. El sistema confederal del noreste de Siria es un modelo probado que puede servir como base para una Siria revolucionaria. Omar Aziz, un destacado anarquista de Damasco, trabajó para una alianza confederal de consejos locales, proponiéndolos como columna vertebral de la revolución siria. Fue arrestado y murió en las cárceles del régimen de Assad en febrero de 2013. No lo hemos olvidado, y atesoramos sus palabras y su experiencia como anarquista y como revolucionario aquí, en Siria.

Todos los sirios revolucionarios en el exilio, árabes, kurdos y muchos otros, tienen la responsabilidad de garantizar el éxito de su revolución. También los anarquistas, comunistas, feministas, ecologistas y otros revolucionarios internacionalistas deben sentirse responsables de defenderla. Tenemos una hermosa oportunidad de dar ejemplo a los movimientos revolucionarios de todo el mundo, desde el Kurdistán hasta Myanmar, desde Chiapas hasta Palestina. Los Estados-nación son la piedra angular de la modernidad capitalista, y sólo una confederación mundial de movimientos revolucionarios populares puede desafiarlos. La alternativa es un descenso al autoritarismo, la ocupación imperialista y el odio fundamentalista. No permitiremos que eso suceda.

¡Hacia una nueva revolución siria!

Como anarquistas, también debemos dar respuestas a la cuestión del Estado-nación. Al tiempo que reclamamos el fin de los estados y las fronteras, debemos impulsar no sólo nuestras críticas, sino también nuestras propuestas y soluciones. Tenemos que hacerlo no sólo en teoría, sino en la práctica, organizándonos con las comunidades locales y los movimientos sociales para construir el poder popular.

Las fuerzas autoritarias, como HTS o la Turquía de Erdogan, siempre usarán la fuerza para imponer su control en tiempos de inestabilidad. La única manera de contrarrestarla es la organización popular, una sociedad civil ética y política fuerte, la construcción de la autodefensa de los pueblos y una cultura revolucionaria. Con la solidaridad internacional, para desafiar el nacionalismo y el chovinismo que nos divide y que engañosamente sirve para legitimar el sistema de estado-nación de la modernidad capitalista. Con la gobernanza local y los modelos confederales, para desafiar los sistemas centralizados y las fronteras de los estados-nación, que solo generan opresión y violencia contra la diversidad. Con las mujeres y la organización queer al frente, para desafiar la opresión patriarcal de donde surgen todos los modelos autoritarios.

Desde la primavera árabe de 2011 hemos visto muchos intentos revolucionarios en Oriente Medio, pero ninguno de ellos ha conseguido una solución liberadora, hundiéndose una y otra vez en nuevas formas tiránicas de opresión. ¿Qué hacemos tras la caída de un tirano para impedir que otro lo sustituya? Cuando un régimen se derrumba, existe una pequeña ventana de oportunidad, un breve período revolucionario en el que el pueblo puede retomar el poder e impedir que se imponga una nueva autoridad centralizada. Tenemos que estar preparados para aprovechar esas oportunidades cuando se presenten.

¡Hagamos que la revolución siria, así como el movimiento de liberación kurdo que ha encabezado la resistencia democrática en la región, se conviertan en un ejemplo para muchas más revoluciones por venir! ¡Luchemos juntos para construir el nuevo mundo que llevamos en nuestros corazones!

 

 

Centro de prensa Têkoşîna Anarşîst, 7 de diciembre de 2024

domingo, noviembre 24

50 aniversario de la matanza de estudiantes en Ciudad de México, un crimen de Estado que sigue latiendo

 

 

A primeros del próximo mes, concretamente el día 2 de octubre, se cumplirá el 50 aniversario de la matanza de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas en la Ciudad de México en el año 1968, un año que ya sabemos fue muy activo para la movilización obrera a nivel internacional, y que guardamos en la memoria colectiva de la lucha del pueblo trabajador.

Es complejo explicar en un artículo breve de divulgación qué implicaciones, consecuencias y origen tuvo aquella matanza, si bien es cierto que resulta indispensable traerla al presente para darla a conocer cincuenta años después, porque aún en la actualidad influye decididamente en el pensamiento y la práctica de los colectivos sociales en lucha de México y de toda América Latina.

El movimiento de 1968 en México fue un movimiento social amplio, en el que si bien los estudiantes tuvieron un protagonismo destacado, estaba conformado por hombres y mujeres trabajadoras de diversos sectores sociales y constituidos desde el mes de agosto de ese año en el Consejo Nacional de Huelga. Este movimiento buscaba una transformación social profunda en un país gobernado por el PRI (Partido Revolucionario Institucional), un partido fuertemente autoritario, que a pesar de sus siglas, fue fundado por la facción contrarrevolucionaria vencedora tras la Revolución Mexicana en el primer tercio del siglo XX.

Este movimiento fue reprimido continuamente durante su desarrollo por el gobierno de México, y con el fin de darle un durísimo correctivo fundamentado en el terror, el 2 de octubre de 1968 se llevó a cabo una represión pública de carácter brutal conocida como la «matanza en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco», logrando disolver el movimiento en diciembre de ese año por las fatales consecuencias de estos hechos.

La matanza fue cometida de manera conjunta como parte de la Operación Galeana por el grupo paramilitar denominado Batallón Olimpia (cuerpo semiclandestino de mercenarios civiles formado para la seguridad interna de los Juegos Olímpicos en ese verano), la Dirección Federal de Seguridad, la llamada entonces Policía Secreta y el Ejército Mexicano, y con el probado apoyo y asesoramiento de la CIA estaounidense. Esta última presionó decididamente para que en México no se desarrollara una revuelta popular que se les pudiera descontrolar a las autoridades del gobierno del entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz y subsecretario de gobernación, Luis Echeverría Álvarez; por lo que EE.UU. intervino directamente y alentó a reprimir sin contemplaciones a la sociedad mexicana rebelde y en concreto a los estudiantes en lucha.

Los antecedentes a este movimiento han de buscarse en los años 50 y 60 en una sociedad mexicana hastiada del autoritarismo del partido único que había monopolizado el poder del Estado por décadas, y que aún se perpetuaría bastantes años. Maestros contra el desmantelamiento de las escuelas populares, estudiantes universitarios, ferrocarrileros, telegrafistas o campesinos venían organizándose antes de eclosionar este impresionante movimiento social en 1968 que llevó a las calles de Ciudad de México a cientos de miles de personas. Fue iniciado a finales del mes de julio con las marchas convocadas por los estudiantes de preparatoria universitaria y de escuelas superiores de la UNAM hartos de la brutalidad policial y las continuadas infiltraciones de agentes en las escuelas y las organizaciones revolucionarias juveniles. Estas marchas fueron respondidas inmediatamente con una represión policial desmedida, más de 500 heridos y decenas de detenidos, lo que consiguió que surgiera espontáneamente una solidaridad sin precedentes y el apoyo incondicional de gran parte de la sociedad mexicana hacia los estudiantes, a los que se les unirían las organizaciones obreras.

Durante los meses de agosto y septiembre las movilizaciones se intensificaron mucho, el estudiantado mexicano comenzó a utilizar un lema que logró un éxito asombroso: ¡Únete pueblo¡ Los mítines organizados en espacios públicos, y la presencia continuada en las calles hizo imposible canalizar el movimiento hacia protestas institucionales reducidas a la autonomía universitaria. Los medios de comunicación oficialistas mexicanos claman contra el movimiento social, comienzan a difundir noticias sobre cospiraciones internacionales de izquierda revolucionaria y alentar a crear listas de estudiantes y profesores destacados en las luchas que se organizan. El ambiente represivo sigue en aumento y se comienza a fraguar en las cloacas del Estado mexicano la necesidad de dar un brutal golpe para controlar una situación de descontento social en aumento.

El movimiento social en México de 1968 elabora una lista de objetivos irrenunciables, entre los que se encontraban la libertad de todos los presos políticos, la derogación de los artículos del Código Penal utilizados jurídicamente para aplicar la represión, la disolución del Cuerpo policial de Granaderos, responsabilidades penales para los artífices de esa represión e indemnización a todas las personas heridas por la policía.

Sin embargo, algunas fechas destacables serán la gran marcha del 27 de agosto en la plaza del Zócalo en Ciudad de México, y el terrible desalojo del campamento estudiantil que surge improvisadamente esa misma madrugada. También el 7 de septiembre se da la conocida como ‘Marcha de las Antorchas’, un impresionante mítin en Tlatelolco y el 13 de septiembre la ‘Marcha del silencio’, donde se marchó por las calles de la ciudad con pañuelos sobre la boca en un espeluznante silencio. El 18 de septiembre el Ejército invade la Ciudad Universitaria de la UNAM, y cinco días después un edificio universitario es ametrallado por comandos policiales vestidos de civiles, se inicia entonces la noche del 23 de septiembre una batalla por tomar el Casco de Santo Tomás y la Unidad Profesional Zacatenco, que duraría más de doce horas y tendría como desenlace más de 350 detenidos, 33 heridos y una persona muerta. El 1 de octubre el Ejército se retira de la UNAM, es el preludio de que una acción mayor está por suceder.

Tan solo diez días antes de que dieran comienzo los Juegos Olímpicos en la Ciudad de México, el 2 de octubre estaba programada una gran concentración y un mítin político en la Plaza de las tres Culturas en Tlatelolco, el corazón histórico de la Ciudad de México. Tras el disparo de algunas bengalas como señal de inicio de la matanza programada desde el gobierno mexicano a modo de una demostración de fuerza brutal, miembros del Batallón Olimpia apostados en los edificios circundantes a la plaza pública abrieron fuego desde las plantas superiores sobre los manifestantes con armas trasladadas los días anteriores a dichos inmuebles. Los miembros del Ejército mexicano a pie de calle también abrieron fuego contra la multitud justificándose más tarde que fue para repeler un ataque que estaban sufriendo; de esta manera la excusa estaba bien planificada y la legitimación de la matanza se servía mucho más fácil a los intereses internacionales del Estado mexicano. Muchos activistas consiguieron huir del tiroteo inicial que desencadenó la matanza y se refugiaron en departamentos cercanos, sin embargo fueron perseguidos, detenidos, torturados y asesinados impunemente durante las siguientes horas en la plaza y alrededores, que fue tomada por el Ejército mexicano durante más de una semana, retirando los cadáveres de lo que se calcula fueron quizá algo más de trescientas personas. Junto a la Iglesia de Santiago-Tlatelolco, reunieron a aproximadamente tres mil detenidos, siendo desnudados en público, torturados y trasladados a campos militares de la ciudad o a la histórica prisión del Palacio de Lecumberri. Al día siguiente en los medios de comunicación, no hubo ni una mención a la masacre, la normalidad más absoluta y el ocultamiento de los hechos fueron la instrucción otorgada. Los Juegos Olímpicos se desarrollaron bajo el silencio internacional, en Ciudad de México el miedo había dejado paralizados a los movimientos sociales que no podrían haber imaginado tanto horror y encontrarse repentinamente con una acción propia de cualquier guerra total. En gran parte de América Latina las embajadas mexicanas fueron atacadas; hubo marchas en Santiago de Chile. Se hizo un mitin en Londres frente a la embajada mexicana, y también hubo protestas en París.

Algunas víctimas de dichas acciones intentaron caracterizar la masacre de Tlatelolco ante tribunales nacionales e internacionales como un crimen de lesa humanidad y un genocidio, ​afirmación que fue sustentada en principio por la fiscalía mexicana pero rechazada por sus tribunales. También intentaron llevar a los autores materiales e intelectuales de los hechos ante la justicia sin ningún resultado favorable. La disolución criminal de este movimiento fomentó la aparición de guerrillas clandestinas urbanas y rurales contra el Estado mexicano, que recrudeció la represión contra estos movimientos en los que se ha conocido como Guerra Sucia, perpetuándose en el tiempo hasta finales de los años 90.

Ya en los años 2000 surge una nueva fase de la represión contra los movimientos sociales mexicanos, y especialmente contra las comunidades indígenas declaradamente anticapitalistas. Precisamente el capitalismo pone en marcha una nueva versión de la represión adaptada a los nuevos tiempos, y a las necesidades de avance que este tiene sobre las vidas comunitarias y sobre el territorio. En 2006 y hasta la actualidad nace la guerra del narcotráfico, la particular lucha por el monopolio de negocios globales como drogas, armas, personas u órganos humanos, en la que las instituciones estatales mexicanas participan disponiendo de su poderío en favor de unos u otros. El narcoestado ataca a las comunidades en lucha, y en esta guerra hacen desaparecer decenas de miles de personas, siendo un punto de inflexión el 26 de septiembre de 2014 con la desaparición forzada de 43 estudiantes normalistas en Ayotzinapa, en el Estado de Guerrero, cuando se organizaban para asistir en Ciudad de México a la conmemoración de la masacre ya narrada. Vivos se los llevaron y vivos los queremos, porque la vida, vale vida.

 

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viernes, octubre 25

¿Quién financia el genocidio de Israel sobre el pueblo palestino?

 

Se cumple un año del 7 de octubre y el genocidio perpetrado por Israel se ha cobrado la vida de más de 41.500 gazatíes. El ejército israelí ha asesinado más niñas y niños que las muertes producidas en cualquier otro conflicto armado reciente. Y mientras esto sucede, un puñado de empresas armamentísticas occidentales experimentan un dramático ascenso en sus beneficios y valores bursátiles.

El Centre Delàs d’Estudis per la Pau ha analizado las principales exportaciones de armas a Israel en los últimos diez años, además de analizar y documentar casos en los que se han usado armas y municiones concretas, el número de víctimas que han causado y las empresas que las han fabricado y transferido al ejército sionista. Como resultado han publicado el informe «La banca armada y su corresponsabilidad con el genocidio de Gaza«, que revela que hasta 12 entidades financieras españolas han financiado de una forma u otra a empresas armamentísticas que proveen armas y municiones al Estado de Israel (ya sea prestando dinero a las empresas mediante líneas de crédito y préstamos corporativos, o mediante la suscripción de bonos o la compra de acciones, lo cual les permite formar parte de la junta directiva de estas entidades). Entre el listado de financiadoras se encuentran bancos como CaixaBank, Ibercaja o Banca March, pero los que más destacan son Banco Santander y el BBVA. De los 4.188 millones de dólares que tienen comprometidos estas 12 entidades, 4.000 millones de dólares han sido facilitadas por estas dos. Financian empresas como la italiana Leonardo (que fabrica los proyectiles M830A1 de 120 mm lanzados por los tanques israelíes), las estadounidenses General Dynamics (que manufactura los kits JDAM y bombas GBU) y Boeing y la alemana Rheinmetall, entre otras.

Por su parte, el Gobierno del PSOE y Sumar, pese a que pide un alto al fuego en Gaza y hace gestos vacíos a favor del Estado palestino, no para de hacer negocios armamentísticos con Israel. Tanto mediante la venta (por ejemplo, vendió municiones a Israel por valor de 987.000 euros en noviembre de 2023) como mediante la compra de armas (ha destinado 1.027 millones de euros a comprar armamento a Israel desde el 7 de octubre, viéndose Elbit Systems, una de las compañías israelíes que más se lucra con la ocupación, como una de las grandes beneficiadas). Desde el año 2000, el Estado español ha vendido armas a Israel por valor de 139 millones de euros.

Tenéis mucha más información sobre estos sucios negocios en El Salto, eldiario.es y Público, gracias al trabajo de periodistas como Olga Rodríguez y Santiago Reviejo y de economistas como Yago Álvarez Barba, que han desgranado las conclusiones del informe realizado por el Centre Delàs.

En definitiva, Estados, empresas y banca hacen negocio con el genocidio. Y esto, unido a los valores del supremacismo y colonialismo occidental, supone una de las razones por las que nadie lo va a parar.

La campaña «Fin al comercio de Armas con Israel» lucha por poner fin a estos negocios manchados de sangre. Tenéis más información sobre la misma en la web de Fin del Comercio de Armas con Israel


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martes, octubre 1

Israel extiende el genocidio a Cisjordania y Líbano


Nuestro mensaje a los vecinos más allá de la valla, en Tulkarem, Nur al-Shams, Shawika y Qalqilya: los convertiremos en ciudades en ruinas como en la Franja de Gaza si continúa el terror contra los asentamientos” – Bezalel Smotrich, Ministro de Finanzas de Israel, a finales de mayo.

 

Se cumple un año del 7 de octubre, fecha en la que Hamás y la Yihad Islámica cruzaron el muro y lanzaron la Operación Inundación Al-Aqsa como venganza contra 75 años de brutal ocupación israelí y su régimen de apartheid. Israel respondió con una campaña de bombardeos, matanzas indiscriminadas e invasión terrestre que se ha cobrado, hasta la fecha, la vida de 41.252 personas (más de 21.000 son niños) y ha dejado más de 95.000 heridos y 10.000 desaparecidos. Además, 1,9 millones de personas se han visto forzosamente desplazadas de sus hogares.

A la vista de estos preocupantes datos –que se limitan a lo ocurrido en Gaza– llevamos un año informando sobre el genocidio que se está perpetrando en la Franja. Sin embargo, más allá de Gaza, Israel va sembrando muerte y destrucción en lugares como Siria, Yemen, El Líbano y Cisjordania. Nos hemos propuesto abordar lo que está pasando en algunos de estos lugares, pero para ello debemos empezar con un brevísimo resumen histórico si queremos entender cómo hemos llegado a este punto.

Breve historia de Cisjordania

En 1948 la ONU asumió las reivindicaciones del movimiento sionista y dio el visto bueno a la fundación del Estado colonial-occidental de Israel sobre el territorio, hasta entonces bajo control británico, conocido como Palestina. Su acto inaugural fue la Nakba o catástrofe, la expulsión de 700.000 palestinas de sus hogares –la mayoría de las cuales se asentaron en Jordania, Gaza y Cisjordania– y la destrucción de varias aldeas a manos de distintas milicias. Desde entonces, en Cisjordania viven tres millones de personas, la mayor concentración de palestinas en un único lugar del mundo.

Durante décadas se produjeron tensiones entre Israel y los países vecinos, que en 1967 desembocaron en la Guerra de los Seis Días. Después de que Israel derrotara a Egipto, Siria y Jordania, ocupó los territorios palestinos –los cuales habían sido asignados por la ONU al pueblo palestino– de Cisjordania y Jerusalén Este. Inmediatamente, comenzaron los asentamientos (ilegales según la Convención de Ginebra) y las tensiones continuaron aumentando.

En 1993, la OLP de Arafat y el Estado de Israel firmaron los Acuerdos de Oslo, en un intento de sellar la paz a cambio de traicionar la causa palestina y aceptar la existencia del Estado colonial. A cambio, las autoridades palestinas podrían ejercer algún tipo de control sobre sus territorios y las fronteras volverían a la configuración anterior a 1967. En la práctica, Israel nunca ha cumplido los compromisos alcanzados, ni tiene intención de hacerlo, ya que su fin último es la limpieza étnica, la desaparición de Palestina y el supremacismo judío. De hecho, Yitzhak Rabin, el primer ministro israelí que firmó los Acuerdos, fue asesinado por un sionista extremista (considerado un héroe por muchos colonos), que entendió que cualquier intento de firmar la paz con Palestina era una humillación para Israel. En la actualidad, el Estado sionista mantiene el control total del 67% de Cisjordania (la Autoridad Nacional Palestina solo gestiona algunas ciudades como Nablus, Yenín, Ramala, Belén, Tulkarem, Qalqilya, Jericó y parcialmente Hebrón) y los asentamientos de colonos no solo no han desaparecido, sino que año tras año siguen aumentando. Además, Israel ha desplegado puestos militares por toda la región, ha instaurado un régimen de apartheid y controla las principales vías de circulación e infraestructuras básicas como pozos de agua o terrenos agrícolas.

 

Actualmente hay más de 700.000 colonos israelíes viviendo en los territorios palestinos ocupados, distribuidos en 279 asentamientos. Israel se lava las manos con la cuestión, argumentando que no los puede controlar y, cuando ya se han asentado, los legaliza y protege militarmente. Solo en los últimos diez años, hasta 200.000 colonos se habrían establecido en Cisjordania, un aumento del 40%. Algunos de los arquitectos del genocidio en curso se han criado en estos asentamientos, como los ministros Gvir y Smotrich.

En el año 2002, Cisjordania quedó sitiada por un muro. Esta barrera separa físicamente a familias enteras y miles de personas se ven obligadas a pasar un punto fronterizo a diario, con sus cacheos e identificaciones, para ir a trabajar, a comprar, al hospital, etc. Desde 2022, además, hay ciudadanas que necesitan permisos especiales para vivir en sus propios hogares. El muro es parte fundamental de la estrategia de apartheid, ocupación y cerco a la población palestina y fue declarado ilegal por la Corte Internacional de Justicia en 2004, que también ha declarado ilegales los asentamientos y el régimen de apartheid, pero la comunidad internacional hace caso omiso, no corta relaciones con Israel y sigue vendiéndole armas. En julio de 2024, 150 estados votaron a favor de condenar el muro, 10 se abstuvieron y solo Israel y EEUU se manifestaron en contra de hacerlo.

Ataques israelíes en Cisjordania

La Operación Inundación del 7 de octubre de 2023 se explica, en parte, por los eventos ocurridos en los meses previos en Cisjordania. El gobierno de Netanyahu había aprobado construir 13.000 nuevas viviendas en ese territorio y los ataques de colonos iban en aumento: quema de viviendas de familias palestinas, echar cemento a pozos, acoso y agresiones a agricultores, tala de olivos, etc. todo ello ante la pasividad y, en ocasiones, colaboración del ejército. La violencia desplegada por los colonos contra la población local es salvaje… Al final, el supremacismo sionista es pura violencia y racismo.

Desde principios de 2024, en plena campaña de bombardeos en Gaza, las autoridades israelíes han emitido cuatro anuncios (el último en julio) para convertir tierras palestinas privadas en tierras estatales. A finales de junio, el New York Times publicó un audio en el que se escuchaba al ministro Smotrich dirigirse a un grupo de colonos e informar que el Gobierno de Israel estaba preparando “actividades sobre el terreno para convertir Judea y Samaria [un término israelí para la Cisjordania ocupada] en una parte integral del Estado de Israel. […] Estableceremos la soberanía primero sobre el terreno y luego a través de la legislación. Tengo la intención de legalizar los asentamientos jóvenes”.

Era evidente que Israel preparaba una operación militar gorda en Cisjordania, que se manifestó el pasado mes de agosto. El día 28, este territorio ocupado vivió una de sus jornadas más violentas, cuando las Fuerzas de Defensa de Israel lanzaron lo que denominaron ‘operación antiterrorista’ y asaltaron, simultáneamente, por tierra y aire, al menos cuatro ciudades palestinas y varios campos de refugiados cercanos. Se trató del mayor ataque contra esta región palestina en las últimas dos décadas, cobrándose al menos 10 vidas. Paralelamente, las fuerzas de Israel cercaron completamente una de las principales urbes de Cisjordania, Yenín, bloqueando el acceso de las ambulancias y cortando el suministro eléctrico. Según datos del Ministerio de Sanidad palestino, en lo que va de 2024, al menos 310 personas han sido asesinadas en Cisjordania por fuego israelí, medio centenar de ellas, menores de edad. Y si calculamos el número de asesinadas desde el 7 de octubre del año pasado, estamos hablando de más de 650 palestinas muertas en incidentes violentos con tropas o con colonos. 147 eran niños.

Estos ataques coincidieron con un llamamiento del ministro de Exteriores, Israel Katz, a comenzar la evacuación de la población palestina de Cisjordania. «Se trata de una guerra en todos los sentidos. Necesitamos abordar la amenaza [terrorista] exactamente como abordamos la infraestructura terrorista en Gaza, incluida la evacuación temporal de civiles palestinos y cualquier otra medida necesaria«, tuiteó. Resulta evidente que los llamamientos a evacuar civiles palestinos no se debe a una preocupación por su bienestar, sino a un intento de profundizar en la limpieza étnica y apropiarse de sus tierras. Según la ONG Peace Now, que documenta la colonización de las tierras palestinas, en lo que va de 2024, los colonos israelíes han ocupado 23 kilómetros cuadrados más de tierra palestina. Se trata de la mayor incautación desde la firma de los Acuerdos de Oslo.

La presencia de Hamás en esta región es inexistente, pero eso no ha impedido que las palestinas hayan caído víctimas de la misma maquinaria de exterminio que opera en Gaza; porque el objetivo no es la organización islámica, sino el pueblo palestino.

Muy significativo está siendo también el bloqueo informativo que está llevando a cabo Israel. Hasta la fecha, ha asesinado a 168 periodistas en Gaza (más del 35% del sector) y el pasado 22 de septiembre clausuró las oficinas de Al Jazeera en Ramala. Probablemente sea la antesala a un recrudecimiento de sus operaciones.

 Ataques israelíes en Líbano

El genocidio que Israel está perpetrando en Gaza desde hace un año llevó a Hezbolá y a otros muchos grupos del denominado Eje de la Resistencia a lanzar ataques contra los intereses israelíes y estadounidenses en la región. Éstos han servido como excusa para propiciar el ensanchamiento del conflicto que varios altos mandos sionistas llevaban años pidiendo. Por ejemplo, antes del 7 de octubre de 2023, varios altos cargos de la política israelí reivindicaban una guerra abierta contra Irán y aplaudieron la decisión de Trump de revertir el acuerdo nuclear que había firmado Obama.

En los últimos meses Israel se ha atrevido a atacar objetivos en Yemen e Irán, asesinar al líder de Hamás, cortar accesos terrestres imponiendo un férreo bloqueo en Gaza o a lanzar incursiones armadas en Cisjordania. Todo sin que Occidente haga nada por evitarlo, más allá de algún tibio llamamiento a la contención.

Por otro lado, el ministro de Defensa, Yoav Gallant, lleva pidiendo una invasión del Líbano desde el mes de noviembre de 2023, con el pretexto de expulsar a Hezbolá del sur del país. A lo largo de 2024, viendo la nula disposición de Hezbolá a responder de manera que escalase el conflicto, Israel no ha parado de cruzar líneas rojas: asesinatos selectivos de militantes de alto rango, ataques aéreos transfronterizos en el sur de Líbano, bombardeos en Beirut, sabotajes de las capacidades de Hezbolá y, a mediados de septiembre, la detonación simultánea de miles de buscas y walkie talkies (que dejaron decenas de muertes y centenares de heridos) y bombardeos en el barrio de Dahiya.

El 23 de septiembre los bombardeos mataron a más de 500 personas en Líbano, el día más mortífero del país desde el año 2006. Las bombas supuestamente se dirigieron contra unos edificios donde se encontraba reunida la cúpula de la importante fuerza Radwan de Hezbolá (liderada por Ibrahim Aqil, que perdió la vida) y a un total de 1.300 objetivos, pero también se produjeron numerosas muertes de civiles y de personas no vinculadas con Hezbolá.

En el momento en el que escribimos estas líneas Israel está preparando una invasión terrestre de Líbano y probablemente ya haya comenzado cuando nos leas. “Nunca más los judíos se esconderán de los monstruos”, anunció Netanyahu, que ha ordenado la evacuación de las vastas zonas al sur del río Litani y del valle de Bekaa, lo cual muestra que las operaciones planeadas son muy ambiciosas.

La estrategia de Israel apuesta por la doctrina del castigo colectivo —de nuevo, un crimen de guerra tipificado por el derecho internacional, pero a estas alturas a quién le importa eso ya—: los civiles que no abandonen sus hogares y permanezcan en ellos serán tratados como combatientes enemigos. Se están siguiendo en Líbano, por tanto, estrategias similares a las que se llevan a cabo en Gaza. Ya ha comenzado la exigencia de evacuación de la población libanesa a “lugares seguros” hacia el norte y centro del país, con la promesa de Netanyahu de que podrán regresar a sus hogares cuando se haya destruido a Hezbolá. Algo difícil de creer tras un año de genocidio que nos ha mostrado que la destrucción en Gaza no ha logrado eliminar a Hamás pero sí ha demolido la infraestructura civil palestina, mientras se habla de una nueva colonización en la Franja. ¿Ocurrirá lo mismo en el sur de Líbano?

 

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domingo, septiembre 22

Muerte y desesperación en Gaza (y en tantos lugares)


No me preguntéis por qué le presto atención a semejante cosa, pero acabo viendo parte de un debate en el que, entre otras cosas, se habla de los asesinatos masivos en Gaza por parte del Estado de Israel. El caso es que dos sujetos se niegan a posicionarse con el argumento de que las cifras de muertos están manipuladas. Para entonces, va en aumento, se hablaba de más de 40.000 fallecidos por el ataque israelí. Me pregunto qué cifra de asesinados es aceptable para que semejantes elementos, de ideología predecible, condenen lo humanamente intolerable o, tal vez, es que consideran que es falso que se esté cometiendo una masacre en Gaza. Uno de ellos, que dice estar al frente de algo llamado Partido Libertario, un evidente oxímoron para cualquiera que tenga bien oxigenado el cerebro, alega además que no se ha dado a conocer de verdad los crímenes cometidos por Hamas sobre los israelís en octubre del año pasado. Claro, es de una lógica aplastante, lo perpetrado por unos pocos justifica castigar a miles de inocentes. Y eso lo afirma un pseudolibertario, que dice ser crítico con cualquier abstracción llamada Estado y su feroz maquinaria bélica (bueno, esto seguro que no le molesta tanto). En fin. Uno se pregunta qué cruel y extraño mecanismo opera en el cerebro de algunos para, en función de sus simpatías ideologías, no condenar un crimen estatal. Y, desgraciadamente, no pasa solo a un lado del espectro ideológico.

Pronto, hará un año del inicio del ataque israelí sobre Gaza, de infligir por parte de un ejército un sufrimiento y muerte indescriptible sobre una población civil. Es posible que las cifras estadísticas, esas mismas que negaban ese par de botarates inicuos, no ayuden demasiado tampoco a adquirir conciencia, nos estamos acostumbrando demasiado al horror. Decenas de miles de muertos, entre ellos muchos niños, otras tantas personas que pueden estar bajos los escombros y esparcidas por las carreteras, sin que los servicios de emergencia puedan actuar por los continuos bombardeos, e infinidad de heridos atendidos en unas condiciones nefastas al estar las infraestructuras de la franja destruidas por los ataques militares. Incontable sangre derramada que debería golpear nuestra conciencia y que solo demuestran que la humanidad, una vez más, atraviesa una interminable era de colapso moral. Lo ocurrido el 7 de octubre de 2023, con cientos de asesinados israelís por milicianos de Hamas, no solo ha sido la perfecta excusa para la definitiva exterminación palestina, sino que toda argumentación parece condicionada por aquellos crímenes sin tener en cuenta que son ya muchas décadas de cruel hostigamiento del Estado de Israel sobre la población palestina.

El genocidio del Estado de Israel sobre Gaza evidencia que el derecho internacional es una pantomima y que las instituciones encargadas supuestamente de mantenerlo están condicionadas y directamente subordinadas a los intereses de los poderosos. Hace ya meses que la Corte Internacional de Justicia, sin levantar demasiado la voz y sin tomar ninguna medidas final contra ello, consideró que había motivos para creer que se estaba cometiendo un genocidio en Gaza, pero los aliados occidentales de Israel, con Estados Unidos a la cabeza, guardaron silencio y siguen haciéndolo. Si las instituciones jurídicas, obviamente, no es que se esfuercen en paliar los problemas del mundo, sino que más bien los sustentan, la responsabilidad se deja en todos nosotros, en la población civil, en los movimientos sociales. Se nos dirá qué diablos podemos hacer cada uno de nosotros, pero siempre se puede hacer alguna acción imaginativa, además de mantener un elevado foco crítico sobre todo Estado y su maquinaria bélica. Hambre y desesperación para gran parte del planeta, mientras en nuestras acomodadas vidas discutimos sobre meras estadísticas. A veces maldigo a gran parte de la especie humana. No obstante, tengamos confianza en superar las crueles estructuras sociales y políticas que se han creado, junto a incontables conflictos históricos que nos siguen determinando.

 

Juan Cáspar
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miércoles, marzo 27

Palestina, transformar el dolor en lucha

 


Esto es lo que nuestra clase gobernante ha decidido que será lo normal” Aaron Bushnell (RIP 25/02/2024)

 

Se van a cumplir, o se han cumplido ya, 5 meses desde que el Estado israelí recrudeciera las acciones militares contra la población palestina. Todas conocemos las brutales consecuencias de las operaciones del ejército invasor llevada a cabo durante este tiempo. Todas estamos enteradas de la cifra de asesinatos totales, todas hemos visto las imágenes de ciudades enteras arrasadas, todas hemos leído alguna de las múltiples denuncias sobre la situación alarmante de hambre, sed, proliferación de enfermedades, falta de recursos y atención sanitaria, etc. Todas sabemos lo que hay, todas sabemos que la situación es incomparable a ninguna otra.

Estamos presenciando la comisión de un genocidio, ampliamente documentada en medios y redes sociales. Ninguna otra operación de exterminio está dejando tanto testimonio directo, pero, aún así, ni la llamada comunidad internacional, ni tribunales u otros organismos de intercesión en situaciones de conflicto, han dado ningún paso con efectos palpables, se han limitado a declaraciones con simple valor simbólico, a una teatralización de la indignación.

El caso del Estado español es también sangrante, mientras el Gobierno ha continuado autorizando la venta de armas a Israel durante todos estos meses, como ha quedado suficientemente acreditado, la acción gubernamental se ha basado en elevar un poco el tono de voz en alguna rueda de prensa o conferencia, para, posteriormente, retractarse en cuanto la representación diplomática israelí exigía explicaciones. Mientras todo esto ocurría, ministros y ministras del Gobierno del ala izquierda acudían a manifestaciones o se pronunciaban por redes sociales, evidenciando, más si cabe, la incapacidad y la farsa de la socialdemocracia.

Ya nos recordaban las organizaciones revolucionarias pro-palestinas que, a la lucha por la liberación, en nada podía contribuir la intervención de estos organismos internacionales, que los tribunales de justicia creados por las potencias coloniales que sostienen a Israel, nunca serán parte de la solución, por ello, es en el seno de nuestra clase donde debemos crear complicidades solidarias con el pueblo palestino, enarbolando, una vez más, la bandera del internacionalismo.

Pero estamos en una situación difícil, nuestras organizaciones no están en su mejor momento, no contamos, por ejemplo, con un gran sindicato, decidido, firme, que pueda paralizar puertos, fábricas enteras, etc. Además, andamos desconcertadas, con un gran sentimiento de impotencia, desbordadas por las imágenes tan duras que nos llegan, luchando contra el dolor, yendo de una a otra manifestación sin mucha esperanza en el alcance que puedan tener, por ello, nos preguntamos, una y otra vez, qué hacer, sabiendo que es necesaria una intervención directa, en el presente, pero, también, a su vez, que el recorrido es largo, que tenemos mucho trabajo por delante para recomponer un tejido político radical que pueda ser una herramienta útil de solidaridad internacional.

 


Antes de todo esto, habíamos leído libros que se preguntaban qué estaba haciendo la humanidad ante otras situaciones terroríficas, que reflexionaban sobre cómo es posible que ocurrieran ante la pasividad o complicidad del resto, ahora nos ha tocado a nosotros y todo lo que habíamos leído ha saltado por los aires, parece que no nos sirve para casi nada.

Así que volvemos al inicio, a la eterna pregunta, qué hacer. Pues, de momento, seguir. Que el pueblo palestino no caiga en el olvido, que el silencio no les termine de enterrar, que esté presente siempre, en nuestras conversaciones y en nuestras calles. Que la bandera palestina llene nuestros balcones, nuestros muros, etc. Que, en nuestros colectivos, ocupe el lugar prioritario que merece.

Pero esto no es suficiente. Vivimos en el corazón del poder colonial, en la UE, algo más se puede hacer. Necesitamos una militancia internacionalista. Las compañeras de Catalunya, UK o de otros diferentes lugares, nos han mostrado diferentes alternativas como la ocupación de intereses económicos israelíes, bloqueo de fábricas de armamento, tecnología militar, etc., campañas de boicot a quienes colaboran con el Estado sionista, jornadas de huelgas, generales o en sectores concretos, etc., es decir, contestar en el terreno económico, arremeter contra sus intereses productivos, impedir que la dinámica de producción y consumo continúe con total normalidad, sobre todo, en aquellos sectores con vinculación directa con la maquinaria de guerra sionista.

Pero no es solo la única vía, también es necesario construir nuestro propio discurso que, entre otras cosas, defienda el derecho a la resistencia del pueblo palestino y se oponga al relato de la socialdemocracia que plantea la posibilidad de una armonía pacífica, obviando los diferentes conflictos e intereses presentes, defendiendo la solución de los dos Estados, sin criticar en sí al propio Estado israelí, asumiendo que su dinámica actual es fruto de los excesos de una clase dirigente concreta y no parte intrínseca de su naturaleza. Además, otra vez, dictando planes desde la lejanía, eliminando cualquier posibilidad de agencia a la población palestina. Más allá de la necesaria crítica libertaria al proyecto estatal, no hay posibilidad de convivencia alguna con un poder colonial.

Seguir teniendo presente lo que está ocurriendo, apoyar materialmente a la resistencia palestina y a las organizaciones que están trabajando en el terreno, ir más allá de la manifestación como forma de presión, forjar discurso y crítica radical, etc., pueden ser parte del plan de lucha que tenemos que crear, rompiendo con la inercia de los caminos ya recorridos una y otra vez, reflexionando en colectivo para poder actuar aquí y ahora, a la vez que reconstruimos nuestras bases para afrontar los conflictos futuros.

 

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sábado, noviembre 25

«No podemos permitirnos el lujo de permanecer en silencio». Entrevista con un anarquista israelí

 


La situación en la Franja de Gaza es cada día más catastrófica. En el momento en el que escribimos estas líneas, la cifra de muertos en Gaza desde el pasado 7 de octubre asciende a unos 11.320 (4.600 de ellos, niños) y 29.200 heridas. En un intento de comprender mejor la situación en la región, 161Crew ha entrevistado a un anarquista israelí y el portal A las Barricadas ha traducido la entrevista al castellano, la cual versa sobre el movimiento anarquista moderno, la ocupación israelí de Palestina, la resistencia contra él y las perspectivas de futuro. 

 

Hola. ¿Quizás podríamos comenzar presentándote rápidamente?

Claro. Soy un anarquista de Haifa, Palestina ocupada. Ha estado activo durante más de una década, principalmente en el movimiento anticolonial y de solidaridad con los palestinos, la liberación animal y las cuestiones ecológicas.

¿Cómo te convertiste en anarquista?

La respuesta corta es que gracias al punk. La respuesta más larga es, por supuesto, un poco más difícil. Al crecer como un colono bajo un régimen colonial de apartheid, en el lado «correcto» de la valla, siendo visto como judío por el Estado, naturalmente se espera que no te rebeles y te conviertas en un guardia de prisión más, como el resto de tu comunidad. Estás creciendo rodeado de imágenes militaristas, adoctrinamiento sionista en la escuela y acontecimientos históricos como el holocausto y la religión judía se utilizan como armas para impulsar el patriotismo y la propaganda nacionalista. La versión del judaísmo que se enseña aquí es que somos el pueblo elegido, esta tierra nos pertenece por decreto divino, Dios es un agente inmobiliario que puede ser invocado en cualquier disputa de tierras, y el resto de personas están destinadas a ser ciudadanas de segunda clase como mucho.

Es realmente difícil explicar a los compañeros que viven en el extranjero cuán colectivo es el proyecto sionista. Israel no tiene una sociedad civil real; todo es aceptable, siempre que esté dentro de unos límites muy limitados y predefinidos. Puedes ser izquierdista, gay, friki, lo que quieras (somos liberales ilustrados y hay lugar para todos), pero sé sionista, sirve en el ejército, sé un ciudadano leal y no fuerces. Si puedes, sé también blanco y rico además. Cualquier paso fuera del consenso nacional y eres un traidor ilegítimo.

La visión estrecha o la rebelión dentro del panorama sionista se puede demostrar, por ejemplo, en el movimiento de protesta masiva contra la reforma judicial para «salvar la democracia israelí» durante unos pocos meses (actualmente en suspenso debido a la guerra) . Incluso cuando cientos de miles de israelíes salieran a las calles cada fin de semana contra lo que es claramente un intento de golpe de extrema derecha, seguirían haciendo cualquier cosa, excepto mencionar el apartheid y la ocupación de los palestinos, y lucharían para salvar la «democracia judía”; es decir, un régimen de superioridad étnica sólo para ellos, el status quo. Los dos lados de este movimiento caracterizan un conflicto entre los colonos internos sobre cómo gestionar mejor el apartheid: el enfoque liberal versus el enfoque fascista. Obviamente, gane quien gane, las poblaciones no judías de esta tierra, en primer lugar los palestinos, siempre perderán.

Entonces, dado este contexto, la «izquierda israelí» no apela a nadie que busque justicia real para este lugar. Para mí, dada la naturaleza de la situación aquí, los colonos con buena conciencia que buscan unirse a la resistencia anticolonial, que es el único movimiento revolucionario en la región y la vanguardia de cualquier cambio radical real, no pueden hacerlo como israelíes, desde dentro de la sociedad israelí, para  buscar formas de reformarla y mejorarla. Por el contrario, debemos despojarnos de cualquier identidad colonial y desarrollar herramientas y recursos para una traición racial efectiva. Debemos desarrollar una política antiisraelí, volvernos contra nuestra sociedad y unirnos a los oprimidos y los colonizados, bajo sus términos y liderazgo. El anarquismo me da tanto el lenguaje como las herramientas para imaginar esta política. Para mí, no existe una «sociedad anarquista» por la que luchar, ya que éste no es un objetivo final; veo el anarquismo como un movimiento de resistencia, un arsenal de herramientas para que los oprimidos de todo el mundo luchen contra la distopía actual, y esto es principalmente lo que me atrae hacia ello.

Solías estar involucrado en un proyecto llamado «Radical Haifa», pero nos dijiste que ya no existe. Me parece una iniciativa muy interesante. ¿Puedes contarnos más al respecto?

¡No hay mucho que contar, la verdad! Teníamos un pequeño grupo de amigos en Haifa, organizados como un colectivo anarquista hace unos años. Hicimos cosas como tener un proyecto de apoyo mutuo y distribución de alimentos durante los confinamientos por el Covid, iniciar otras organizaciones comunitarias y unirnos a luchas locales en la ciudad. El grupo actualmente no está activo, aunque quizás en un futuro próximo aparezca un nuevo colectivo. Mientras tanto, Radical Haifa se convirtió principalmente en una cuenta de Twitter, en la que circulaban noticias y análisis de Palestina desde una perspectiva pro-resistencia y antiautoritaria, y después de que los fascistas compraran la plataforma, la cuenta se trasladó a Mastodon/Kolektiva.

Uno de los grupos anarquistas más conocidos procedentes de esa zona parece ser Anarquistas contra el Muro. ¿Estuviste involucrado? ¿Cuál es tu opinión sobre ese grupo?

Anarquistas Contra el Muro fueron definitivamente el grupo más activo y significativo entre los radicales y antiautoritarios israelíes durante la década de 2000. Nacido en medio de la 2ª Intifada, por activistas solidarios que participaban en luchas locales en pueblos de Cisjordania contra la construcción del muro del apartheid, su principal significado residió en el hecho de que rompió todas las normas y reglas de operaciones establecidas de la izquierda israelí. Por una vez, las personas de ambos lados de la valla no se encontraron como enemigos, ni como un espectáculo superficial de «coexistencia», sino como luchadores por la misma causa, camaradas, coconspiradores y cómplices, en igualdad de condiciones. Se priorizaron aspectos de co-resistencia y lucha conjunta, y bajo un régimen como éste, la mera acción de tratar a un palestino como un ser humano y un amigo era suficiente para que fuera considerado radical y fuera de la forma habitual de operar, inclusive la izquierda del establishment.

Durante su apogeo, el grupo pudo llevar a cientos de israelíes a Cisjordania, para manifestarse directamente con los palestinos y experimentar la resistencia de primera mano. Además, se han llevado a cabo muchas acciones directas, como dañar físicamente la valla y sabotear el equipo. Al final, sin embargo, el grupo se fue extinguiendo poco a poco y ya no existe. Personalmente, estuve involucrado cerca del final, cuando era un adolescente proveniente de la entonces escena anarco-punk de Tel Aviv, y como muchas iniciativas de solidaridad radicales bien intencionadas organizadas por personas del lado privilegiado en un contexto colonial, el grupo no era exactamente inmune a las relaciones de poder y a un comportamiento jerárquico oculto. Hacia el final se han hecho muchas críticas sobre el grupo y sobre el papel que realmente tienen los colonos que se unen a la resistencia anticolonial. En cierto momento, también vimos que algunos de nuestros privilegios se nos escapaban físicamente y se hizo imposible actuar a la antigua usanza. «Investigadores» de derecha se infiltraron en una manifestación con cámaras ocultas e imágenes difundidas por televisión. Los camaradas se metieron en problemas legales por acciones directas de una manera que paralizó su capacidad de continuar. Otros han sido engañados y atacados por fascistas. La situación política ha cambiado y con ella los medios de lucha disponibles. En general, creo que fue una experiencia valiosa con muchas lecciones para enseñar a los camaradas de todo el mundo.

¿Hay algo parecido a un movimiento anarquista en Israel ahora?

Bueno, considerando que vivimos en una época en la que cualquiera que tenga una conexión WIFI puede ser una célula anarquista, ¡definitivamente puedes decirlo! Aunque en realidad no tanto. Realmente no hay un movimiento. Yo diría, en el mejor de los casos, individuos dispersos aquí y allá, alguna subcultura juvenil, alguna estética, pero no estructuras, grupos o incluso discusiones realmente organizadas. En términos generales, diría que la sociedad israelí es muy derechista, incluida su clase trabajadora, y a la gente se le enseña a vivir con un ataque de ansiedad constante y a ver el estado de un gran padre protector, sin el cual todos estamos condenados. Pedir a los israelíes que abandonen el Estado es hablar con ellos en un idioma extranjero. En esas condiciones, no creo que estas ideas tengan ninguna posibilidad de difundirse y volverse populares aquí en el corto plazo. Sin embargo, creo que existe la posibilidad de que se convierta en un fenómeno en los límites del imperio, no como un movimiento israelí, sino como un movimiento de desertores y traidores raciales, dispuestos a unirse a la lucha para liberar esta zona del imperialismo y el colonialismo. y el terrorismo de Estado, un movimiento minoritario, que podría sentar las bases de algo diferente. Pero ya veremos.

En algún momento recuerdo que parecía haber una pequeña pero activa minoría de «refuseniks», personas que se negaban a hacer el servicio militar a pesar de la prisión y la represión. ¿Qué magnitud tuvo y cómo fueron tratados en la sociedad israelí?

El movimiento de objetores de conciencia existe a pequeña escala en Israel desde hace muchos años. Realmente no puedo decir que se esté extendiendo y teniendo un impacto mayor, pero sin embargo es, por supuesto, un fenómeno muy positivo y estos adolescentes son muy valientes. Son tratados como traidores por la sociedad israelí en general y pueden pasar mucho tiempo en prisión. Hace apenas un par de meses, en lo que a estas alturas parece una noticia antigua, un grupo de adolescentes se negó a servir en el ejército y hubo una larga campaña para apoyarlos. Finalmente fueron liberados. Mesarvot (literalmente significa: negarse) es una organización que ayuda y acompaña a los objetores políticos por motivos antiocupación.

Por supuesto, debemos distinguirlo de otros movimientos de rechazo en Israel, algunos por razones sionistas. Hay organizaciones que apoyan a los reservistas del ejército en su decisión de no servir en los territorios ocupados de 1967, es decir, Cisjordania y la Franja de Gaza. Además, durante el movimiento masivo de «democracia israelí», algunos reservistas se niegan a servir hasta que desaparezca la «amenaza a la democracia». No tienen problemas con la ocupación, el apartheid y las constantes masacres y crímenes de guerra, pero cuando sus privilegios de clase media están en juego, ahí es donde trazan la línea. De todos modos, es importante mencionar que mientras escribo estas líneas, el genocidio en Gaza continúa y toda esta retórica ya no existe. Ahora todos se están uniendo detrás del ejército.

¿Conoce algún anarquista o antiautoritario palestino?

Dana El-Kurd, una académica palestina, en su libro ‘Polarizados y desmovilizados: legados del autoritarismo en Palestina‘ plantea el argumento de que la lucha palestina no sólo es anticolonial, sino también antiautoritaria en sus raíces. Durante los días de la 1ª Intifada, los palestinos tenían una sociedad civil vibrante, que organizaba espontáneamente comités locales para coordinar la lucha y abordar las necesidades de las comunidades locales. Este levantamiento fue de naturaleza democrática y se luchó contra la voluntad de la OLP. Incluso dentro de la OLP, como sostiene Edward Said en su libro «La cuestión de Palestina«, la estructura estaba organizada de una manera muy democrática, con debates internos y críticas abiertas, en completo contraste con la política en el mundo árabe, un área llena de regímenes reaccionarios, dictadores autoproclamados y monarcas desconectados. El movimiento de liberación de Palestina siempre fue el movimiento más democrático y progresista de la región e inspiró muchos otros movimientos y levantamientos antiautoritarios, algunos de ellos los vimos durante la Primavera Árabe y muchos aún están en curso. Muchos sostienen que la derrota de la izquierda palestina en el Líbano, el establecimiento de la Autoridad Palestina después de los acuerdos de Oslo y el ascenso del Islam político han cambiado el panorama, pero creo que muchas de las características originales siguen vigentes.

Dicho todo esto, no puedo decir realmente que los palestinos hayan tenido alguna vez un movimiento anarquista per se. Los anarquistas palestinos existen, pero al igual que entre los israelíes, no están realmente organizados como un movimiento, ni puedo decir que sea una idea popular. Sin embargo, creo que incluso si no se utiliza el nombre de anarquismo, los palestinos tienden a organizarse de manera anarquista, sin llamarlo así. Los nuevos grupos guerrilleros en Cisjordania en los últimos años, como la Guarida del León en Naplusa, la Brigada Jenin en Jenin y el Batallón Balata en el campo de refugiados de Balata, se organizan de forma no jerárquica y no son sectarios en principio, abiertos a todos los diferentes hechos que puedan revelarse. unirse. Estos grupos de jóvenes están completamente fuera del control de la Autoridad Palestina y de la vieja política de facciones y partidos, y su naturaleza impredecible y espontánea es un desafío para las autoridades israelíes. Esto también es válido para la lucha popular: las luchas en las aldeas de Cisjordania a las que fuimos como Anarquistas Contra el Muro fueron organizadas por comités populares locales, coordinándose entre sí y operando bajo principios democráticos.

En los últimos meses hemos sido testigos de pogromos a gran escala y crecientes ataques mortales por parte de colonos, que actúan aparentemente con total impunidad y luego desesperados ataques suicidas dirigidos a israelíes, etc. Parecía que era inevitable que esto terminara en una gran tragedia tarde o temprano. ¿Dirías que también era obvio para la gente de Israel o no tanto? ¿Fue deliberada la falta de reacción de las autoridades ante la violencia de los colonos para presionar aún más a la población palestina o fue simplemente una especie de indiferencia hacia ellos?

Teniendo en cuenta cómo Israel se ha construido sobre la base de la limpieza étnica desde 1948, es más que razonable suponer que esto es completamente deliberado. En Cisjordania vemos que la estrecha distinción entre «civiles» y «militares» en el contexto del apartheid se desvanece por completo, a medida que colonos y soldados extremistas trabajan mano a mano, a veces en colaboración y a veces ignorando los pogromos y permitiendo que ocurran. Muchas veces los palestinos que contraatacan son los que son reprimidos. Sin embargo, lo que está sucediendo actualmente debe verse en un contexto ligeramente diferente. Debe verse en el contexto de 16 años de asedio a Gaza, iniciado como un castigo colectivo después de que los palestinos que viven en los territorios ocupados en 1967 eligieran democráticamente al partido equivocado según Israel y Estados Unidos, y eligieron a Hamás. Después de que Fatah, el actual partido gobernante de la Autoridad Palestina, diera literalmente un golpe de estado con el apoyo occidental e israelí para permanecer en el poder, Hamas se apoderó de Gaza en una guerra civil en 2007, después de lo cual Israel encerró a sus 2 millones de habitantes, convirtiéndolo en el campo de concentración más grande del mundo. Además de controlar las fronteras de Gaza, el área marítima y el espacio aéreo, dictar quién puede entrar y salir, aprobar las mercancías entrantes y controlar plenamente la economía, Israel también había bombardeado Gaza casi anualmente, con muchas «operaciones militares» matando a miles de personas. Gaza se ha mantenido en un estado de catástrofe humanitaria durante muchos años.

En todo caso, el gobierno de Hamás en Gaza había permitido que el lugar permaneciera algo estable, bajo cierta gestión, y no se deteriorara hasta convertirse en un completo desastre y, por lo tanto, era útil para Israel, lo que les permitía seguir controlando Gaza y gestionando su población. Pero el problema con Hamás es que no son obedientes y, a diferencia de la «Autoridad Palestina» en Cisjordania, se niegan a ser completamente domesticados por Israel y mantienen su compromiso con la lucha armada. Lo que Hamás hizo el sábado 7 de octubre fue romper el gueto, tanto física como simbólicamente; rompieron las puertas que rodeaban Gaza y (re)ocuparon tierras dentro de Israel, y también se posicionaron como una fuerza más allá de su papel asignado como gobierno de Gaza. Se pusieron a la vanguardia del movimiento de liberación palestino, descolonizando tierras directamente. En muchos sentidos, esto fue inevitable y el resultado directo de las decisiones de Israel durante todos estos últimos años.

Las imágenes procedentes del sur de Israel el día del ataque del 7 de octubre fueron, por supuesto, muy difíciles de procesar emocionalmente. No hay nada que celebrar sobre la masacre de muchos civiles y, según todas las definiciones y estándares, esto es un crimen de guerra. Sin embargo, las cosas deben verse en contexto. Además, no hay ejemplos en la historia de un movimiento de resistencia y liberación puro y «limpio» que no matara a personas inocentes. Ya sea la resistencia al apartheid en Sudáfrica, la colonización británica de la India, la lucha contra la esclavitud en Estados Unidos y la resistencia a la ocupación nazi en toda Europa, en todos esos casos murieron personas inocentes. Esto no es una justificación, pero la exigencia de purismo del movimiento de liberación palestino por sí sola no es realista. La mayor responsabilidad recae en el ocupante.

Probablemente habrá muchas teorías de conspiración sobre los últimos ataques sangrientos de Hamás en los próximos meses. En su opinión, como persona que vive allí, ¿cree que era posible que Netanyahu y compañía lo supieran y decidieran no actuar de inmediato, esperando que esto fuese su equivalente al 11 de septiembre y le permitiera permanecer en el poder? ¿O fue más bien la arrogancia y la subestimación del enemigo  lo que dio lugar a los trágicos acontecimientos que todos presenciamos?

Evidentemente no hay forma de confirmar tal conspiración. Me gustaría evitar una mentalidad conspirativa y concluir que probablemente Israel realmente no es tan fuerte como se presenta. Lo que sabemos hasta ahora, como informaron los medios israelíes, es que el Shin Bet, el servicio de seguridad de Israel, algo equivalente al FBI en Israel, sospechó la noche anterior que algo podría suceder, pero nada de esta escala. Al parecer, el jefe del Shin Bet y las FDI fueron informados durante la noche de que miles de combatientes en Gaza se estaban moviendo hacia la frontera, y algunos equipos especiales fueron llamados a la zona, pero no hubo indicios de que se tratase de una gran operación y una declaracion de guerra. En general, parece un fallo de inteligencia muy grande.

Desde fuera parece que la extrema derecha israelí finalmente tuvo la oportunidad perfecta para deshacerse del «problema palestino» de una vez por todas. ¿Tienes alguna predicción sobre cómo terminará la situación en Gaza? Parece que estamos viendo los actos finales de la tragedia que se desarrolla ante nuestros ojos y es peor que nunca.

En este momento es difícil predecir algo. Los acontecimientos avanzan muy rápido y recibimos una noticia devastadora tras otra. Mientras escribo estas líneas, alrededor de 3.000 personas son asesinadas en Gaza y alrededor de 1 millón están desplazadas. No se permiten alimentos, combustible ni electricidad en el interior. Tropas israelíes rodean la frontera con Gaza, preparándose para una invasión grupal. Gaza es un baño de sangre. La magnitud de la tragedia humana es insoportable. Guerra genocida total de aniquilación contra la población palestina de Gaza. Realmente no está claro cuál es el objetivo principal. Israel ya ha anunciado su intención de destruir a Hamás, probablemente nunca más permitiéndole operar desde Gaza, pero además de eso, actualmente no está claro si el objetivo es también volver a ocupar Gaza y anexionarla, como han sugerido algunos políticos israelíes, o entregárselo a la AP, o algo más. Después de que Israel pidió a los palestinos del norte de Gaza que se trasladaran al sur de la franja, y estamos hablando de una población de más de un millón de personas,  luego procedió a bombardear a quienes siguieron esa orden y se trasladaron, se hicieron llamamientos a Egipto para que abriera sus fronteras con Gaza a quienes huyen, posiblemente insinuando el mayor plan de limpieza étnica en la historia del sionismo, mayor que la Nakba de 1948.

¿Hay personas en Israel que se pronuncian en contra de la idea de un castigo colectivo a la población civil por las acciones de los grupos armados? Hemos visto una declaración firmada por diferentes grupos pacifistas que operan en Israel y Palestina pidiendo el fin de los ataques indiscriminados contra la población de Gaza. ¿Existe la posibilidad de que tenga algún efecto en nosotros o estamos todos en un frenesí asesino en este momento?

No ahora. Mientras escribo estas líneas, no hay ninguna movilización contra la guerra en Israel. Casi todo el mundo busca venganza en este momento. Los israelíes se están uniendo para apoyar plenamente la guerra y cualquiera que hable se está poniendo en riesgo. Es realmente difícil explicar cómo el fascismo está aumentando al amparo de la guerra. Los estudiantes árabes están siendo expulsados ​​de las universidades y los trabajadores pierden sus puestos de trabajo. Se anima a los estudiantes a delatar a sus compañeros de estudios y a las universidades y a enviar correos electrónicos diciendo que cualquier «apoyo a Hamás» (que bajo la atmósfera actual fácilmente podría significar también un llamado a que cese la matanza en Gaza) será recibido con tolerancia cero. Se están aprobando leyes en las que dañar la «moral nacional» (que, nuevamente, podría interpretarse en un sentido amplio) sería castigado con cárcel. Los palestinos están siendo perseguidos en Jerusalén Este, con documentación que revela que policías entran en negocios árabes, obligan a la gente a abrir sus teléfonos y buscan apoyo para Hamás. Bandas de extrema derecha rodearon la casa de un periodista ultraortodoxo haredí tras acusarlo de apoyar a Hamás y dispararon petardos dentro de su casa, lo que provocó que la policía tuviera que rescatarlo de su propia casa y ayudarlo a escapar. En general, la gente tiene miedo de abrir la boca. Hay cierta movilización proveniente de judíos israelíes para presionar al gobierno para que libere a los cautivos y rehenes, algunos de ellos han sido atacados por policías y fascistas en Jerusalén y Haifa. Cualquier organización ahora sería recibida con una rápida represión.

Mencionaste anteriormente una nueva generación de resistencia palestina que estaba comenzando a ganar impulso. ¿Crees que todavía hay un camino para que los palestinos tengan un movimiento de liberación exitoso que no termine siendo controlado por fundamentalistas religiosos? Con la devastación sin precedentes de Gaza y el nivel de tragedia humana que estamos presenciando, una de las grandes preocupaciones es que la gente de allí se vuelva aún más hacia grupos autoritarios como Hamás o la Jihad Islámica, etc. ¿Cual es tu opinión acerca de esto?

Es realmente difícil de decir. Es cierto que, en términos generales, los elementos reaccionarios crecieron entre los palestinos y, al igual que los israelíes, también se inclinaron hacia la derecha en los últimos años. Los grupos mencionados anteriormente no tienen una ideología y están abiertos a que se unan miembros de todas las facciones, desde Hamas hasta IJ y también el Frente Popular para la Liberación de Palestina. En general, parece que lo que caracteriza a la resistencia palestina estos días, tanto en Cisjordania como en Gaza, son frentes amplios y conjuntos. Islamistas, laicos, marxistas e incluso liberales nacionales, como algunas facciones de Fatah, están luchando codo con codo. En el ataque del sábado 7 de octubre participaron también combatientes del FPLP y del FDLP. El movimiento de liberación palestino es muy diverso, pero ahora mismo la gente parece estar dejando de lado sus diferencias y luchando juntos. En general, esto me recuerda las diferentes discusiones sobre anarquistas en Ucrania luchando junto a fascistas contra un ejército genocida ruso. No sabemos qué sucederá a partir de ahora, definitivamente podría llevar a la gente a nuevos extremos y acelerar algunos procesos muy preocupantes. Pero ya veremos.

La magnitud de lo que está sucediendo parece ser abrumadora y es muy difícil tener esperanzas de que se produzca algún acontecimiento positivo en este momento. ¿Hay algo que la gente pueda hacer ahora que pueda afectar la situación de alguna manera?

Yo le diría a cualquiera que viva en el extranjero que se una a la resistencia en su zona. Existe un amplio movimiento de solidaridad internacional y necesitan su apoyo más que nunca. Únase a las comunidades de refugiados palestinos en la diáspora, permanezca a su lado, apoye sus esfuerzos y grite. Esto podría dar miedo porque, como en Israel, otros gobiernos han estado utilizando el pretexto de la guerra para difundir el fascismo. Muchos estados expusieron sus tendencias autoritarias durante la última semana y media y la gente enfrentó la represión de diversas maneras. Alemania y Francia prohibieron las manifestaciones de solidaridad con Palestina y la policía atacó a personas que desafiaban la prohibición y protestaban. Los estudiantes en Estados Unidos que firmaron una declaración de Solidaridad con Gaza fueron incluidos en la lista negra de algunos lugares de trabajo. Muchos políticos e instituciones en Israel y el mundo occidental entienden actualmente que una presión externa por parte del apoyo popular internacional puede causar un daño significativo ahora, por lo que están redoblando los esfuerzos para cerrarla y la propaganda. Esto es lo mínimo que la gente puede hacer y les pido que lo hagan. llenar las calles. Únase a iniciativas palestinas como el BDS. Boicotear a Israel. Habla alto. Edúcate a ti mismo y a los demás. Involúcrate. Son tiempos históricos.

Muchas gracias por la entrevista. ¿Hay algo más que quieras añadir?

Como dije antes, este es el momento de actuar y hablar. Estamos siendo testigos del mayor intento de limpieza étnica y genocidio en la historia de este estado. No podemos darnos el lujo de permanecer en silencio. Lo que está en juego es intenso. Ponte del lado de la justicia. Se avecinan tiempos oscuros y difíciles. Sigue luchando y mucha suerte.

 

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