Elena Martínez
En estos días que escribo, acabo de plantar mi pequeña huerta
y observo las matitas de los tomates, los pimientos, los calabacines y las
acelgas, un poco mustias en los planteros, cómo se estiran y reverdecen ya en
la tierra cuando las riego. Se me vienen a la cabeza conceptos como soberanía
alimentaria, ecofeminismo, Rojava. Son días extraños y observar este huertito
pequeño y verlo crecer, me ayuda también a soportar mejor esta situación que parece
que nunca se acaba. Es como pegarse a la vida, como si esta pequeña experiencia
me hiciera sentir más intensamente ese vínculo tan importante con la tierra y
con el resto de la humanidad.
Hace ya 44 años que surgió el término Ecofeminismo. Y lo
acuñó una mujer que además era anarquista: Françoise d’Eaubonne, hija de madre
aragonesa y padre anarcosindicalista francés, que en 1974 relaciona la
preocupación por el medio ambiente y la igualdad entre hombres y mujeres como
base de una nueva sociedad. Escritora y pensadora francesa que en su libro El
feminismo o la muerte introduce también el término Falocracia. «La
Falocracia está en la base misma de un orden que no puede sino asesinar a la
Naturaleza en nombre del beneficio, si es capitalista, y en nombre del
progreso, si es socialista». Ni más ni menos.