Colectivo de Repobladores de Fraguas
Hoy escribimos desde la tristeza y la rabia, porque desde otro sitio no se puede. En 1969, los últimos habitantes de Fraguas eran obligados a marcharse de sus casas, por medio de expropiación forzosa, sin cumplir ni siquiera la legalidad vigente del régimen franquista del momento —la ley de entidades locales de 1955 establecía que las fuentes, plazas y caminos de los pueblos eran bienes públicos inexpropiables, imprescriptibles e inalienables—. Este proceso fue llevado a cabo de manera irregular, sin que se conozca el correspondiente expediente que debía justificar la expropiación de su casco urbano, sin que los antiguos habitantes conserven copia de los documentos de expropiación de sus propiedades y bajo coacciones y trucos legales por parte de las autoridades forestales de la época. Estos hechos fueron la culminación de un proceso anterior más largo por el que se fue ahogando económicamente la región de la Sierra Norte de Guadalajara al ir prohibiendo progresivamente los usos de suelo tradicionales de agricultura y ganadería en los terrenos que se iban reforestando con pino y que eran los que permitían el modo de vida tradicional de los habitantes de los pueblos más pequeños, que se veían obligados a emigrar a otros pueblos o ciudades y cambiar sus actividades económicas.
Hoy escribimos desde la tristeza y la rabia, porque desde otro sitio no se puede. En 1969, los últimos habitantes de Fraguas eran obligados a marcharse de sus casas, por medio de expropiación forzosa, sin cumplir ni siquiera la legalidad vigente del régimen franquista del momento —la ley de entidades locales de 1955 establecía que las fuentes, plazas y caminos de los pueblos eran bienes públicos inexpropiables, imprescriptibles e inalienables—. Este proceso fue llevado a cabo de manera irregular, sin que se conozca el correspondiente expediente que debía justificar la expropiación de su casco urbano, sin que los antiguos habitantes conserven copia de los documentos de expropiación de sus propiedades y bajo coacciones y trucos legales por parte de las autoridades forestales de la época. Estos hechos fueron la culminación de un proceso anterior más largo por el que se fue ahogando económicamente la región de la Sierra Norte de Guadalajara al ir prohibiendo progresivamente los usos de suelo tradicionales de agricultura y ganadería en los terrenos que se iban reforestando con pino y que eran los que permitían el modo de vida tradicional de los habitantes de los pueblos más pequeños, que se veían obligados a emigrar a otros pueblos o ciudades y cambiar sus actividades económicas.